Historia de DiverCrecer

Tomada del libro DiverCrecer 1 (Click aquí si deseas saber más sobre el libro)

En este momento estoy terminando de escribir este libro en la habitación de mi residencia. Estoy en mi habitación, desde la cual veo el Mar Mediterráneo, y la línea lejana del horizonte, en donde el color claro del cielo contrasta con el azul profundo del mar.

Inspiro profundamente y experimento la sensación de paz y libertad que me ha acompañado durante los últimos meses. Este año he aprendido italiano, he hecho nuevos amigos, he conocido a infinidad de personas interesantes, he bajado dieciséis kilogramos de peso, he aprendido a hacer la pasta más deliciosa del mundo, voy a la playa en bicicleta por lo menos una vez por semana, hago ejercicio casi a diario, y lo más importante, me considero una persona feliz.

Me parece mentira recordar que hace dos años estaba en lo más profundo de una depresión, viviendo entre el ruido, el caos y la inseguridad de una metrópolis latinoamericana de ocho millones de habitantes, completamente sedentario, aislado, obeso, sintiendo una apatía total hacia mi trabajo, mi familia, mi pareja y mi vida.

Me daba lo mismo estar vivo que muerto.

Me daba lo mismo estar casado que separado.

Como sentía que no podía suicidarme por el impacto que semejante decisión podría causar en mis hijas, mi esposa, mis padres y mis seres queridos en general, estaba deseando secretamente que me diera una enfermedad terminal, que me permitiera despedirme de todos diciéndoles cuánto los amaba, pero al mismo tiempo acabara con este padecimiento crónico que era la vida para mí.

He terminado escribiendo este libro. El libro que me habría gustado leer hace dieciséis años. Me habría ahorrado dolor, golpes, caídas, y pruebas de ensayo y error.

Durante años sentí que necesitaba la solución, a un problema difícil de definir, que me mantenía lejos de las anheladas felicidad y autorrealización.

Toda la vida estuve quejándome de los obstáculos que la vida me ponía en el camino: Si tan sólo mis padres me hubieran dado una crianza diferente… si la terrible situación de desempleo actual no me afectara directamente… si fuera más afortunado… si gozara de más riquezas… si tuviera más conocimientos… si fuera más apuesto… si hubiera nacido en un país más próspero…

Siempre había una excusa válida para justificar por qué el éxito había sido esquivo durante mi inestable existencia; sin embargo, una parte lúcida de mí me confrontaba permanentemente y me decía que mis justificaciones no eran del todo ciertas; que había infinidad de personas alegres que florecían y prosperaban en la misma realidad adversa de la que yo me quejaba con amargura.

Los que me amaban, entendían mis quejas y me daban palmaditas en las espalda. Otros, a quienes yo consideraba más empáticos, se quejaban al unísono conmigo, creando entre todos una lúgubre sinfonía de suspiros y lloriqueos. ¡Eso era lo más fácil! Echarle la culpa de nuestra infelicidad al entorno; sin embargo, cuando tenía esos destellos de lucidez en los que cuestionaba mi forma de pensar descompuesta, deseaba conocer un programa que lograra en mí la profunda transformación que veía que el programa de Alcohólicos Anónimos había conseguido por más de ochenta años en alcohólicos de todo el mundo.

De hecho, yo había sido uno de los afortunados en recibir la bendición de ser libre  de la esclavitud del alcohol desde el año 1996. Sin embargo, no encontraba solución para mi otro problema, que no tenía nombre; ni siquiera lograba identificarlo bien.

Durante diferentes períodos de mi vida lo llamé “adicción a la pornografía”, “a las series de TV” (no me alcanzó a tocar la era NETFLIX), “a las noticias”, “a las redes sociales” o “a la internet” (a navegar sin rumbo); luego lo llamé “adicción a la lotería”, “al Baloto” o a “soñar despierto”; también hubo una época en que lo llamé “personalidad adictiva”, “proclividad a hacer todo compulsivamente”, “adicción a mantenerme ocupado”, o “adicción a todo”, pues igual me podía quedar haciendo arreglos en la casa, limpiando la cocina, organizando mi closet u ordenando libros, fotografías, papeles, o herramientas; en otras oportunidades me dedicaba compulsivamente a hacer ejercicio, planes de comidas, dietas y demás actividades relacionadas con la salud y el estado físico.

También me perdía mí mismo buscando compulsivamente la aceptación o aprobación de otros, dedicándoles mi tiempo, ya fuera haciendo por ellos, o acompañándolos, a hacer labores y diligencias que podían hacer por sí mismos, o tratando de complacerlos haciendo lo que me sugerían o lo que querían que hiciera, así no tuviera nada que ver con lo que yo quería.

En otras oportunidades lo llamé adicción a la perfección o perfeccionismo, pues podría quedarme horas dedicando mi atención a detalles insignificantes en informes, trabajos e investigaciones, lo que a la larga terminaba afectando mi desempeño, llevándome a dedicar menos atención a lo verdaderamente importante, o me obligaba a dedicar el doble del tiempo presupuestado para cualquier trabajo, afectando otras áreas de mi vida.

Las consecuencias eran siempre las mismas: Una sensación de abandono de mí mismo y mis propósitos; un desperdicio masivo de mi tiempo, lo cual terminaba perjudicando mis ingresos y a veces llevándome a endeudarme; una pérdida de mi capacidad de desarrollar plenamente mi potencial, mi autorrealización, y mi facultad para ser feliz.

Busqué sin éxito ayuda en programas que se enfocaban en alguno de los aspectos que acabo de enumerar, pero como si estuviera en un bote en ruinas que hacía agua, sentía que si tapaba un agujero con una mano, se entraba el agua por otros dos… y si tapaba tres, con las dos manos y un pie, se abría uno más en donde no podía alcanzar. Independientemente del esfuerzo que hiciera para sacar el agua o evitar que entrara, el bote terminaba inundándose más y más, y el resultado indefectible era que se iba hundiendo a medida que pasaban los días, los meses y los años, como si tuviera una determinación propia.

Luego decidí describir mi problemática como una parálisis que me impedía crecer o progresar. Conseguí a bastantes personas que se identificaban conmigo y llegamos a hablar de conformar una comunidad de “Paralíticos Anónimos”, pero nos quedábamos dándole vueltas al problema una y otra vez, sin encontrar una solución.

De verdad deseaba de corazón encontrar una solución, pero mientras más buscaba, más me parecía que no había cómo arreglar mi problema, pues aunque leía los libros de Robert Kiyosaki, Napoleon Hill, Stephen Covey, Eliyahu Goldratt, Ken Blanchard, Daniel Pink e infinidad de otros autores que enseñan a alcanzar el éxito; aunque asistía a talleres de emprendimiento notables, a sesiones de coaching que prometían poner el éxito en mis manos, seguía canales de YouTube con contenidos excelentes y veía videos motivadores que ofrecían reprogramar mi mente para el éxito; aunque sentía que tenía un conocimiento pasmoso sobre lo que debía hacer para alcanzar el éxito, no era capaz de materializar en acciones todo lo que sabía, ni podía cerrar la brecha inconmensurable entre lo que deseaba hacer y lo que hacía. ¡Cuánto deseaba un cambio positivo en mi vida! Un cambio hacia el crecimiento verdadero.

Finalmente, cuando llegué al convencimiento de que todavía no existía una cura para mi problemática, cuando sentía que no me quedaba otra esperanza que esperar una muerte redentora, fueron apareciendo en mi vida las personas adecuadas, con quienes comenzamos a desarrollar un programa a nuestra medida. Necesitábamos que fuera un programa gratuito y que nos fuera diciendo paso a paso, de manera detallada, lo que debíamos hacer para transformar nuestras vidas.

Comenzamos por definir el nombre del problema. Debía ser un nombre que aglutinara todos los comportamientos compulsivos que uno puede utilizar para no enfrentar los miedos, para no vivir la vida. Por la trayectoria que algunos habíamos tenido en programas de adicciones, la definimos como una adicción. También definimos cómo era el consumo y cómo era la abstinencia en esta adicción; algo en lo que todos estuviéramos de acuerdo.

Parece difícil; no es fácil encontrar similitudes entre organizar compulsivamente una caja de fotografías viejas, y quedarse viendo toda la primera temporada de Breaking Bad en Netflix un martes por la tarde. Sin embargo, cuando uno lo hace para no hacer la llamada de seguimiento a un cliente, no importa qué tipo de evasión utilice. El caso es que no está haciendo la llamada, está desperdiciando su tiempo y privándose de progresar. Puede no ser tan evidente como el deterioro que producen el alcohol o las drogas, pero precisamente por eso es terriblemente peligrosa. Porque es más sutil, es socialmente aceptada, pero igual de destructiva a la más potente de las drogas.

No hay gran diferencia entre el que decide escaparse de la vida y no enfrentar sus miedos echándose un viaje de heroína y el que lo hace paseando el tubo de la aspiradora diecisiete veces por una sala reluciente. E independientemente de lo que haga para escapar de la vida, la persona puede pasar toda su existencia infeliz debido a esta adicción, sin darse cuenta de qué es lo que le sucede.

Poco a poco fuimos probando herramientas que funcionaron, otras que no nos sirvieron… y sin darnos cuenta, fuimos construyendo un programa a la medida, que no existía hasta ese momento, y que nos podía ayudar, no sólo a todos los que no habíamos encontrado estábamos allí reunidos, sino a infinidad de personas que padecen o padecerán el mismo problema.

Sin darnos cuenta fuimos creando el primer programa de Doce Pasos que no tiene su foco en ayudar a quienes lo trabajan a alejarse de lo que NO quieren, sino está enfocado en ayudar a quien lo trabaja, a  conseguir, lograr u obtener lo que quiere.

Es una visión novedosa en programas de adicciones. Ya no seguimos auto-engañándonos diciendo que el problema son las redes sociales, o hablar por teléfono, o arreglar cosas, o regalar nuestro tiempo, o leer el periódico. El problema es no hacer la llamada, no golpear a la puerta, no pedir la cita a la chica que nos gusta, no pedir la entrevista de trabajo o el aumento, no enviar la propuesta, no hacer seguimiento a la propuesta que enviamos. El problema es no actuar. No alinear nuestros actos con nuestras metas, propósito, o sueños.

En eso es precisamente en lo que se enfoca este programa. En llevarnos a la acción, pero no a mantenernos ocupados, ni a ejecutar acciones vacías, sino a definir un propósito y actuar de manera coherente con dicho propósito.

Cuando conocimos el programa entendimos por qué muchos libros de auto-ayuda que prometían llevarnos al éxito no pasaban de motivarnos un par de semanas. Nos daban algunas herramientas que comenzábamos a implementar inmediatamente. Cuando terminábamos el libro, continuábamos implementando algunas de dichas herramientas, pero la gasolina que nos daba el libro nos duraba unas cuántas semanas, después de la cuales, volvíamos a actuar como antes. Entonces comenzábamos un nuevo libro, que de pronto nos daba otras herramientas diferentes, con las cuales se repetía el ciclo. En esta búsqueda aprendimos muchas herramientas, pero no logramos implementarlas en nuestras vidas de manera sostenible.

Para implementarlas e integrarlas, se necesita inicialmente de algo más que un libro: Se necesita también de un programa en el que uno comparta su experiencia fortaleza y esperanza con otros compañeros de lucha. Un programa en donde pueda rendir cuentas sobre su progreso sin miedo a ser juzgado en los períodos en los que perciba un pequeño retroceso. Un programa en donde tenga alguien a quién recurrir para consultar cuando necesite ayuda especial ante un obstáculo. Un programa que funciona “sólo por hoy”, en donde hay una reiteración de los principios y las herramientas día a día, hasta que van entrando a través de nuestra gruesa y curtida piel, para terminar formando parte de nosotros. Un programa en donde desde el principio, gracias a empezar a implementar las herramientas en nuestras vidas, comenzamos a recibir regalos que retroalimentan nuestras ganas de continuar en él. Un programa en donde lo que antes nos parecía normal y familiar, comienza a sentirse incómodo y poco saludable. Un programa en donde esos cambios que al principio nos cuestan trabajo, pasan a formar parte de nosotros. Un programa en el cual los cambios llegan para quedarse porque no hay que esforzarse indefinidamente en el tiempo, sino más temprano que tarde, en la medida en que sanamos aquellos defectos de carácter de los cuales nacen nuestros comportamientos compulsivos, vemos como la compulsión desaparece para siempre.

Este libro es un abrebocas. Es una muestra de lo que el programa ya ha hecho en algunos de nosotros. Es una forma de ponerte en contacto con las herramientas que nos han ayudado… pero sobre todo, es una invitación a que conozcas el programa; a que formes parte del selecto grupo que ha decidido dejar los miedos a un lado para buscar sus sueños.

Te invito a que te des la oportunidad de crecer y buscar la autorrealización.

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